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Actividad física, Ejercicio y Diabetes

Autora: Dra. y EDC. Sarah Rebeca Rosales Baca
Miembro de la Unión de Educadores en Diabetes de México A. C.

La Diabetes mellitus es una enfermedad crónica que requiere de la adopción de cambios terapéuticos en los hábitos diarios, para poder lograr un adecuado control de esta condición y vivir gozando de una buena calidad de vida.
Estos cambios que se deben adoptar comprenden a la alimentación correcta, la automonitorización adecuada de la glucosa, la toma y/o aplicación puntual de los medicamentos que se han prescrito, resolver los problemas cotidianos para evitar las complicaciones agudas de la diabetes (hipoglucemia, glucosa por debajo de 70 mg/dl, o hiperglucemia, glucosa por arriba de las metas de control establecidas), llevar a cabo los estándares de cuidado necesarios para prevenir las complicaciones crónicas de la diabetes (neuropatía, nefropatía, retinopatía y enfermedad cardiovascular), solicitar apoyo para alcanzar una adecuada adaptación psicosocial y, por supuesto, ser físicamente activo es fundamental.
La práctica diaria del ejercicio para las personas con diabetes, debe ser prescrita como parte importante del tratamiento y, no sólo hacer ejercicio es importante, sino también, incrementar los niveles de actividad física para erradicar el sedentarismo.
Llamamos actividad física a todos los movimientos que efectuamos a lo largo del día en nuestra vida cotidiana; por otra parte, el ejercicio es la actividad física organizada, estructurada y que se lleva a cabo con un objetivo en particular.
En octubre del 2016, la Asociación Americana de Diabetes (ADA) emitió una recomendación en la que se hace énfasis respecto a la importancia de erradicar el sedentarismo, evitando permanecer sentado por más de 30 minutos y, por cada uno de estos intervalos,  hacer ejercicio de intensidad leve durante 3 minutos (torsiones de torso, estiramientos, sentadillas) o cualquier actividad física que interrumpa la inactividad (caminar, subir y bajar escaleras). En relación con las recomendaciones de la práctica del ejercicio físico,  se sugiere realizarlo el mayor número de días por semana  y evitar descansar más de 2 consecutivos. Adultos con diabetes deben realizar ejercicio de tipo aeróbico (caminar, nadar, bailar, andar en bicicleta), con intensidad moderada a vigorosa, de 150 a 175 minutos por semana y 2 a 3 sesiones por semana de ejercicio anaeróbico (de fuerza y resistencia) en días no consecutivos de, al menos, 30 minutos de duración, con una intensidad moderada o vigorosa. Los niños con diabetes deben realizar ejercicio durante 1 hora, de 5 a 7 días por semana con intensidad moderada a vigorosa. En este documento, también se hace referencia, por primera vez, al ejercicio por intervalos de alta intensidad, útil, especialmente, para las personas que carecen de mayor tiempo para ejercitarse. Toda sesión de ejercicio debe comprender un periodo de calentamiento (5 a 10 minutos), acondicionamiento (20 a 40 minutos) y enfriamiento (5 a 10 minutos).
Se ha comprobado que son muchos los beneficios que ofrece la práctica habitual del ejercicio físico a las personas con diabetes:
En las personas con diabetes tipo 2, mejora la sensibilidad a la insulina y reduce los niveles de glucosa (en las personas con diabetes tipo 1, este hecho no se ha comprobado de manera contundente).
Ayuda a reducir la tensión arterial, los triglicéridos, el colesterol malo (LDL), el peso corporal, reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular.
Incrementa los niveles de colesterol bueno (HDL), los niveles de endorfinas y serotonina (hormonas de la felicidad y la tranquilidad).
Mejora la condición del hígado graso, la circulación sanguínea, el sistema inmune y otras condiciones de salud.
Ayuda a mejorar la calidad del sueño y la composición corporal.
Mejora la flexibilidad y ayuda a reducir el riesgo de fracturas, especialmente en los adultos mayores.
Es importante, antes de iniciar cualquier programa de ejercicio físico, acudir con un profesional de la salud experto en diabetes para ser evaluado de manera integral, identificar barreras y para que se haga una prescripción adecuada e individualizada de un programa de ejercicio físico, y así evitar abandono, recaídas, lesiones o complicaciones.
Lo ideal es iniciar paulatinamente, incrementando poco a poco la frecuencia, la intensidad y la duración del ejercicio. Se considera que la etapa inicial debe comprender entre 1 y 4 semanas, con una frecuencia de 3 a 4 días, de intensidad leve y con una duración de 15 a 30 minutos.
Prácticamente todas las personas con diabetes pueden beneficiarse de esta práctica, incluso quienes ya viven con alguna complicación; sin embargo, cualquier enfermedad aguda (neumonía, sospecha de infarto o de accidente cerebrovascular, etc.) o tener los niveles de glucosa arriba de 300 mg/dl (o arriba de 250 mg/dl con la presencia evidente de cetonas en sangre u orina), son una contraindicación para la realización de cualquier tipo de ejercicio, hasta que mejore la condición de salud.
La alimentación correcta, la toma y/o aplicación adecuada de los medicamentos y la práctica diaria del ejercicio, son los pilares del tratamiento de la diabetes; si falta alguno de ellos en el cuidado de la salud, los resultados no serán favorecedores. Si la diabetes llegó para toda la vida, los hábitos saludables, también deben practicarse toda la vida.

Bibliografía:
American Diabetes Association (2018). Standards of Medical Care in Diabetes. Diabetes Care, 41 (1).
Coldberg, S.R. et al. (2016).

Physical activity, excercise and diabetes: A position statement of the American Diabetes Association. Diabetes Care, 39: 2065-2079.